Rutas

Una aventura templaria en Soria

Escrito por Redacción

Estamos en El Burgo de Osma y tenemos a nuestra espalda un antiguo convento reconstruido como lujoso spa. Aquí nos hemos reunido diez bikers aventureros con ganas de comenzar una travesía de cuatro días por la provincia de Soria. Tenemos por delante un reto llamado La Ruta de los Templarios y venimos dispuestos a sentirnos caballeros medievales.

Un sábado de hace tres meses, los compañeros de ruta me convencieron para apuntarme a esta aventura. Yo nunca había hecho una travesía en bici similar y lejos de casa, pero las cervezas y la euforia de después de montar me hicieron verlo como un reto. Tenía dos meses por delante para preparar las etapas de entre 40 y 80 kilómetros que nos esperaban. Nada complicado para nosotros, habituados a montar regularmente por los senderos en nuestra zona, pero a veces tener una excusa y un objetivo hace más productivas las salidas habituales.

La Ruta de los Templarios comienza en El Burgo de Osma, con una primera etapa hasta Calatañazor que se realiza la primera tarde. La contratación del servicio con el paquete de la Ruta incluye los alojamientos y el transporte del equipaje, por lo que no tuvimos que preocuparnos más que de juntarnos en esta bonita localidad y llegar a Calatañazor a buena hora. Eso hicimos, no sin antes recorrer los 35 km de pistas y senderos entre el monte. En esta primera etapa atravesamos buena parte de la Cañada Real Soriana.

Las primeras pistas anchas desde El Burgo ya nos permiten vislumbrar en el horizonte los montes a los que llegaremos en un par de días: los Picos de Urbión, que se extienden a nuestra izquierda. Mientras tanto, vemos un par de corzos enormes que se nos cruzan a escasos metros. Inevitablemente, pensamos en ese vídeo del antílope que le sale de repente a un competidor en la Absa Cape Epic de hace un par de años, y echamos unas buenas risas.

Continuamos hasta que la silueta del castillo de Calatañazor se alza al final de una sucesión de senderos y pistas de monte bajo. Este pueblo medieval es muy acogedor, con sus calles empedradas y de soportales. Un pueblo que se merece un gran final para esta primera etapa de calentamiento.

De Calatañazor a Vinuesa

La mañana siguiente ya comenzamos a madrugar para aprovechar las primeras horas del día y de temperatura idónea. No tardamos en llegar a un enclave bastante escondido y poco transitado de esta comarca: la Fuentona. Se trata de una reserva natural de gran belleza que recorre el nacimiento del río Abión por caminos habilitados para peatones y bicicletas. Hay que ir con cuidado porque aquí los caminantes tienen preferencia, pero este pequeño bucle es imprescindible: el paisaje es fantástico en la pequeña laguna, donde se hacen inmersiones de espeleología submarina.

Nos adentramos ahora en un monte lleno de enebros, uno de los más al sur de Europa, con un bonito sendero que serpentea hasta Cabrejas de Pinar. Allí nos espera la furgoneta de apoyo; repostamos, avituallamos y seguimos en dirección norte por pista asfaltada. Nuestro objetivo hoy es Vinuesa, uno de los accesos a la sierra y los Picos de Urbión. Antes de eso nos espera una pequeña sorpresa en forma de chapuzón. Y es que con el calor no podría haber mejor recompensa que un baño en la Playa Pita, a orillas del embalse de la Cuerda del Pozo. Una magnífica playa natural muy popular entre los sorianos, de la que nos cuesta mucho salir.

Nuestro destino está ya cerca, y nos queda la mejor parte del día: un fantástico sendero que bordea el recién nacido Duero por el GR-14, desde Molinos de Duero hasta Vinuesa. Una senda que suele estar inundada en primavera y otoño, pero que en verano es transitable.

La etapa reina

El tercer día teníamos por delante una larga y excitante etapa desde Vinuesa a San Leonardo de Yagüe, subiendo el Pico Urbión de 2.300 metros y superando un desnivel acumulado de 1.090 metros. Dimos buena cuenta del desayuno del hotel, lavamos y engrasamos las bicis, y nos pusimos “patas a la obra”.

La ascensión al Urbión es continuada y tendida durante 20 km nada más salir de Vinuesa, pero se hace a buen ritmo y recorre pistas de gran belleza. Una vez arriba, es opcional hacer cumbre o al menos asomarse hasta al mirador de la Laguna Helada o la Laguna Negra. Las vistas son espectaculares, y queda la bajada. El sendero GR está bien señalizado y es pronunciado, pero divertido. Disfrutamos como locos después de casi tres horas de subida.

Continuamos por un tramo de carretera que nos relaja después del subidón, y nos permite avanzar kilómetros hasta Covaleda, tras un fantástico singletrack alternativo a la carretera. En Covaleda paramos para avituallarnos. Ahora atravesamos el bosque hasta Navaleno, en una sucesión de senderos técnicos desde donde podemos ver casi toda la provincia de Soria y el sistema central. El horizonte es inabarcable, ¡todo lo que vemos es bosque!

Ya estamos en Navaleno cuando nos sorprende una tormenta de verano, que nos refresca los últimos kilómetros hasta San Leonardo. Ha sido una auténtica etapa épica de mountain bike, completa y con todos los ingredientes que nos entusiasman de la bici.

El Cañón del Río Lobos

La guinda final de la Ruta nos llevaba a este famoso punto de la geografía soriana, uno de los más conocidos y apreciados de Castilla y León. Para eso llegamos hasta Casarejos, en una mañana que se levantó húmeda y desapacible pero que enseguida se mostró perfecta para la bici. Allí tomamos un sinuoso sendero que desembocaba en el verdadero Cañón, una auténtica gozada de singletrack que nos hace mirar a diestro y siniestro el paisaje que nos rodea.

Y de repente, nos encontramos con la ermita de San Bartolomé, el epicentro del mundo templario que hemos estado atravesando estos días. Un enclave místico que según los templarios es equidistante entre los extremos este y oeste de la península, y que nos hace contemplarlo con respeto. La ruta está tocando a su fin, todos hemos disfrutado, y la calma que invade el Cañón del Río Lobos es tan intensa y especial que tenemos dibujada una gran sonrisa en la cara. Unas cuantas fotos para la posteridad, y nos dirigimos por otro singletrack hasta el castillo de Ucero, de nuevo espectacular y de puro regodeo para los sentidos.

Los últimos 20 km hasta El Burgo de Osma, de donde partimos hace cuatro días, son un mero trámite. Y además sabemos que nos espera una fabulosa sesión de spa para celebrar y relajarnos después del esfuerzo de estos días.

No nos cruzamos con ningún caballero templario, pero no nos hizo falta. Durante breves momentos creí que mis compañeros de ruta y yo habíamos viajado en el tiempo y nos habíamos convertido en modernos caballeros sobre ruedas gordas.

Información práctica

  • La contratación del paquete incluye alojamiento y media pensión en hoteles rurales de Calatañazor, Vinuesa y San Leonardo. Es opcional contratar la noche anterior al inicio de la ruta y la de llegada en el Hotel Castilla Termal, en El Burgo de Osma (principio y final de la travesía).
  • Se trata de una travesía clásica por etapas, que se siguen en track GPS o bien se contrata a un guía que realiza la ruta con el grupo. El servicio de transporte de equipaje, avituallamientos básicos y asistencia mecánica también están incluidos en el viaje.
  • Las mejores épocas para hacerla son de primavera a otoño. Se recomienda reservar. También es posible solicitar una ruta a la carta a los organizadores.
  • Información y reservas a través de la agencia de viajes Vivir Soria.
  • Teléfono: 975 239390 / info@vivirsoria.com / www.rutatemplarios.com

Los templarios

Los caballeros templarios fueron una de las órdenes militares cristianas más importantes de la Edad Media. La Orden del Temple se fundó en Francia en el siglo XII y formó parte de la Primera Cruzada, con el objetivo de proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista. Eran monjes y guerreros con un estricto código de vida basado en la austeridad y el servicio al prójimo.

En España, los templarios se establecieron en castillos militares defensivos en los reinos de Aragón y Castilla principalmente, llegando hasta Levante, Andalucía y Portugal.

Concretamente en Castilla y León, y dentro de la provincia de Soria, están reconocidos enclaves y territorios de dominio templario en Ucero, en la ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos y en otros puntos como Almazán, San Pedro Manrique y los monasterios de San Juan de Duero y San Polo, en Soria capital.

La Ruta de los Templarios está inspirada en estos caballeros enigmáticos, e invita a todos los bikers templarios a sumergirse en el fabuloso paisaje soriano, y en sus leyendas y tradiciones.

Texto y fotos: Alfonso Hernández

Sobre el autor

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