Sierra de Armantes, Calatayud. Fuera de la autopista

11/03/2018

Uno de los riesgos que tienen las autopistas es pasar de largo por los sitios. Viajar de un lugar a otro cada vez significa más trasladarse de un punto a otro, en vez de transitar por ese recorrido y lo que ello supone de detenerse en los sitios y descubrir lo que hay en ellos. Es un síntoma del frenesí de velocidad en el que vivimos. Y eso hace que nos perdamos muchas cosas por el camino. Calatayud, Bilbilis Augusta en romano, es uno de los lugares en los que merece la pena salir de la autopista y detenerse.

El problema es que se encuentra en medio de la ruta con más tráfico rodado de este país: la línea Madrid-Barcelona. Y es difícil encontrar motivos hoy en día para improvisar planes, si no vienen empaquetados en “experiencias improvisadas inolvidables”. Pero si buscas un entorno nuevo y auténtico, ya tienes excusa para poner el intermitente y desviarte de la carretera. O directamente para viajar hasta esta histórica localidad, lugar de paso de la Ruta del Cid, y que es un pequeño microclima donde se vive un inusual ambiente biker.

Lo mejor que se puede hacer en Calatayud, antes de ponerse en materia y hacer una ruta en bici de buena mañana, es almorzar. No es difícil encontrar un grupo de bikers dispuestos a enseñarte los senderos locales, y ellos mismos te invitarán a unirte a la degustación de huevos fritos con jamón, panceta o patatas fritas, que compone el bendito almuerzo que se gastan por estos lares. Semejante festival de hidratos y proteínas no es gratuito. Aquí los bikers andan. Saben de lo que hablan. El frío intenso en invierno, el cierzo y el calor extremo en verano los convierten en bikers duros y curtidos, y como tales necesitan un buen combustible para sus motores.

Con el depósito lleno de gasolina extrasúper, nos preparamos para adentrarnos en la red de rutas y senderos que pueblan los alrededores de Calatayud. Los dominios de la Sierra de Armantes ofrecen una enorme variedad de rutas y terrenos, tanto para un trazado clásico de Cross Country pistero como para exigentes rutas de Enduro y All-Mountain. Hoy nos vamos a obsequiar con una bonita ruta hacia una zona de contrastes entre la vegetación de pinares y una aridez que nos hará pensar que estamos en Arizona o Utah.

En marcha

La ruta parte de la Fuente de los Ocho Caños, punto de salida habitual de los numerosos ciclistas locales. Comenzamos ascendiendo por la calle que sube y atraviesa el barrio de San Roque, el patrón local, y que en unos 200 metros da paso a una pista ancha. Salimos del pueblo y nos adentramos en un terreno yermo a nuestra izquierda, de matorrales y plantas bajas, signo de que el viento azota sin piedad en este lugar durante gran parte del año. Este paisaje recuerda por ejemplo al de Tabernas, en Almería, y bien podría ser el escenario de un western.

Pronto dejamos atrás la vista de Calatayud y de las ruinas de su elegante castillo, perfilado en el horizonte. Nos adentramos en la Sierra de Armantes siguiendo la ruta señalada con hitos amarillos y blancos. Ascendemos progresivamente y hacemos caso de las señales que nos envían hacia Armantes y Moro, por un sendero ancho y cómodo que serpentea. Es la vía de entrada principal a la sierra.

Tras ocho kilómetros de subida tendida y fácil, vislumbramos el objetivo de nuestra ruta: un macizo de areniscas que divide el paisaje drásticamente. La sierra se termina a este lado de las colinas, y al otro comienza el desierto. Al fondo, el Moncayo con sus cumbres nevadas casi todo el año.

Tan pronto como termina la pista de subida y tras una breve bajada, nos encontramos con un sendero de tierra rojiza que sale a nuestra derecha. En dirección siempre hacia las colinas de arenisca que recuerdan a Arizona, continuamos por este divertido singletrack que incluye dos o tres profundos badenes y curvas contínuas.

Al terminar este singletrack llegamos al balcón de Castillejos, desde donde podemos observar más de cerca este peculiar paisaje, mitad marciano mitad del salvaje oeste. Un valle de tierra rojiza dominado por varios montículos, de formas redondeadas y caprichosas, dominan este entorno del que parece que en cualquier momento van a salir unos cuantos pieles rojas a caballo o varias manadas de búfalos.

¡A disfrutar!

Descansamos un momento, nos detenemos a observar la inmensidad del horizonte y nos preparamos para disfrutar de los próximos diez kilómetros de sendero fluido. El plato fuerte del día comienza aquí, y consiste en un excelente sendero de bajada, rápido y sin grandes obstáculos, que bordea el barranco y el cauce seco de un río a nuestros pies. Un auténtico disfrute para nuestros sentidos y una prueba para mantener una velocidad constante, jugando con la inercia y la fluidez de nuestra bici.

Y es que enseguida te das cuenta de que se puede ir muy rápido en este sendero, que también cuenta con unos pequeños y diminutos elementos que nos pueden complicar la vida, especialmente si hace mucho calor y el terreno está seco. Se trata de los “garbanzos”, como llaman los autóctonos a las pequeñas piedrecillas sueltas que, como si fueran canicas, convierten las entradas en algunas curvas en pequeñas trampas de equilibrio para probar nuestras cubiertas. Sin duda, la famosa pista Garbanzo de Whistler debería pagar royalties a estos garbanzos de Calatayud.

El sendero continúa con algunos repechos ligeros, bordeando siempre el barranco e intentando mantener la trazada en los puntos más expuestos, con velocidad suficiente para disfrutar endiabladamente. Aun siendo bajada, el sendero exige pedalear continuamente para mantener el ritmo, y eso hace que lleguemos al final del trayecto con una gran cara de satisfacción. Dejaremos atrás el monte bajo y llegaremos a una sucesión de curvas, ya en el lecho del cauce seco, y cruzaremos por debajo de un túnel desembocando en una pista ancha que tomaremos a nuestra derecha. Ha sido una gran bajada, pero solo una muestra de las combinaciones que pueden llegar a enlazarse en este pequeño parque de atracciones de Armantes.

Siguiendo siempre la pista principal, llegaremos hasta el circuito de motocross de Calatayud, uno de los más importantes de España y escenario habitual de pruebas nacionales. En sus inmediaciones veremos varios saltos y cortados para bici, construidos por los bikers locales y bastante fotogénicos para probarlos. Es una buena ocasión para preguntarles por otras rutas y zonas de interés para la bici, porque si esta ruta nos ha sabido bien, con ricos garbanzos incluidos, hay muchas otras en esta zona que también nos van a dejar un gran sabor de boca. Y siempre al otro lado de la autopista.

El ciclismo bilbilitano

“Con la B, gentilicio de Calatayud” sería una buena pregunta para Pasapalabra. El legado romano y cultural de Calatayud lo lucen con orgullo sus ciudadanos, hasta en el gentilicio. Situada a unos 220 kilómetros de Madrid y a 330 de Barcelona, Calatayud es la segunda ciudad más importante de la provincia de Zaragoza. Iglesias y colegiatas mudéjares, ruinas romanas, castillos y plazas son algunos de los atractivos culturales de esta localidad de más de 20.000 habitantes, por la que pasa el AVE, la A-2… y que cuenta con un club de ciclismo con más de 200 socios.

Viendo el clima extremo que reina en la zona, uno no apostaría por una cantera ciclista con mucho futuro. Y sin embargo, la comunidad ciclista de Calatayud es más que notable. Entre sus vecinos hay ilustres profesionales de la carretera como Ángel Vicioso (Katusha), formado como ciclista en Calatayud; existen tres tiendas de bicis en la localidad, un importante duatlón anual de montaña, y varias rutas y pedaladas que congregan a muchos ciclistas de la comarca.

Este ambiente ciclista es fruto de varios factores. Para Fernando Martín, co-fundador del Club BTT Calatayud, dueño de la tienda DEFER y uno de los miembros más activos de la comunidad biker bilbilitana, esto se debe a unas extraordinarias condiciones para cualquier tipo de ciclismo. “En mi caso y en el de muchos de otros ciclistas como yo, es la pasión por practicar deporte en las sierras que nos rodean la que nos impulsa día tras día a coger nuestras bicis y salir a rodar por los centenares de sendas y caminos que tejen ese manto de naturaleza y diversión que para nosotros, los bilbilitanos, no es otra cosa que un verdadero paraíso”.

Texto y fotos: Alfonso Hernández

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