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El paraíso ciclista de Asturias

11/03/2018

A solo 5 kilómetros de Oviedo se encuentra Las Caldas, una pequeña población donde se erige el hotel Las Caldas Villa Termal, reconocido con la máxima distinción del sello de calidad ciclista Bikefriendly. En medio de un paisaje bucólico y ajeno al estrés de la metrópolis, este establecimiento propone un sinfín de actividades para bikers y sus acompañantes.

Las Caldas Villa Termal es uno de los galardonados con el sello Special Seven, un distintivo del que solo podrán presumir siete establecimientos en toda España y que representa el máximo exponente de la filosofía Bikefriendly. En este complejo, integrado por el Gran Hotel Las Caldas (5 estrellas) y el más moderno Hotel Enclave (4 estrellas), los ciclistas tendrán a su alcance todos los servicios que puedan necesitar, empezando por un espacio guardabicis en el que dejar, sin sufrir, a esa inseparable “compañera de habitación” en nuestras escapadas fuera de casa. Y es que una de las condiciones para ser un establecimiento Bikefriendly es precisamente contar con un lugar con acceso reservado a los bikers y dotado de un dispositivo de seguridad para candar las bicis y poder así descansar con total tranquilidad.

Para que tu bici esté en perfectas condiciones, en esta zona también encontramos un taller dotado de las herramientas necesarias y un área de lavado, e incluso en el hotel nos ofrecerán recambios y un servicio técnico para reparar nuestra bicicleta si es necesario. Y para que el ciclista también esté siempre a punto, en Las Caldas Villa Termal también puedes adquirir equipaciones y productos energéticos.

De ruta

Pero cuando viajamos con nuestra bici, lo más importante es tener a nuestro alcance rutas atractivas y adaptadas a nuestras posibilidades. Además de las rutas de carretera, algunas de una dureza más que reseñable, Las Caldas Villa Termal propone hasta seis itinerarios distintos para afrontar en mountain bike. En total, 1.700 kilómetros de rutas para descubrir y disfrutar de las empinadas carreteras y angostos senderos del Principado de Asturias.

Completamos dos de ellas junto a nuestro atento guía, Juan Carragal, de Carmabike, que iba provisto de GPS. Tras realizar los ajustes pertinentes a nuestra bici en el garaje-taller habilitado en el hotel, cuyo acceso está restringido a los no ciclistas, empezamos la aventura. El primer día nos decidimos por la ruta 4. Esta comparte con la 6 el tramo inicial, una subida en carretera de tres kilómetros y medio. Las Caldas está situada a 125 metros sobre el nivel del mar, lo que explica que para disfrutar de la montaña, haya que escalar previamente. Superado el tramo asfaltado, y ya con ese calor corporal que reclama hidratación, tomamos un desvío monte arriba. Empezaban los senderos, con un terreno roto y pedregoso que nos dejaban, a la derecha, unas vistas preciosas del valle. El verde es el color predominante, y eso se explica por la copiosa pluviosidad de la zona, especialmente severa este pasado invierno en toda la zona cantábrica.

En alguna ocasión he oído eso de que “un hombre prevenido vale por dos”. Desconozco la veracidad científica de dicha afirmación, pero sí sé que dejar la presión de los neumáticos Continental Mountain King y X-King Protection de la Santa Cruz Tallboy por debajo de los 2 bares fue un éxito, ya que de lo contrario las cubiertas habrían resbalado más de la cuenta en las húmedas rocas que poblaban los senderos. Sin tracción, no avanzamos. Pero sin agarre, las cosas se complican todavía más, especialmente en los descensos. Así pues, provistos del “calzado” adecuado proseguimos el camino.

Curtido en mil y una batallas, Juan ya nos lo adelantó: “En Asturias nunca se baja del todo”. No le faltaba razón, ya que después de algún tímido tramo de descenso siempre venía otra cuesta. Y al cabo de poco, otra más. Así, en un sube-baja constante rematado por una ascensión bien pronunciada llegamos hasta un punto informativo, a la altura de Las Carangas, que remarca que este tramo forma parte de la ruta del Buitre. Se trata de un cuidadoso recorrido de senderismo, de 10,6 kilómetros, con inicio y final en Pozobal en el que, con suerte, paciencia y prismáticos, se pueden avistar buitres, alimoches y águilas culebreras. Además, por la zona también son habituales los corzos y jabalíes.

Uno de los aspectos más embriagadores de ambas rutas –deducimos que ocurrirá lo mismo en las cuatro restantes– es la sensación de paz y de desconexión que logramos. Rodando por una larga alfombra de hojas bajo un sinfín de vetustos castaños… ¡fue tan fácil cambiar el chip urbanita! Lo único que hay que tener en cuenta es la necesidad de proveerse de alimentación y bebida, además de herramientas por si falla la mecánica. Porque la sensación de aislamiento, en el buen sentido, es total.

De hecho, no nos cruzamos con ningún biker en ninguna de las dos jornadas, así que mejor montar apañados. Y para muestra, un botón. Justo antes de afrontar el tramo más divertido de la ruta, un singletrack cuyo disfrute merece todo tipo de sufrimiento en forma de subida y de conducción sobre barro, el cambio trasero de Juan se desbloqueó. Nada que con una multiherramientas no pudiéramos solucionar para enfrentarnos, ahora sí, a un singletrack de lo más estimulante. Se trata de uno de esos tramos de dificultad media en los que bikers de distinto nivel y habilidad pueden pasárselo igualmente genial. Con unas espectaculares vistas del valle a mano izquierda, proseguimos la cordillera aprovechando la doble suspensión de nuestras bicis. De veras, solo por ese tramo, todo el esfuerzo previo mereció la pena. Tal fue la sonrisa que se me quedó en la cara al bajarla que apenas me afectó haber perdido el bidón durante el descenso. La excitación era de tal magnitud que reculamos un par de kilómetros en su búsqueda, subiendo por un tramo asfaltado con rampas del 20% previo al singletrack. Pero encontrarlo era tan complicado como una aguja en un pajar. Así pues, dimos media vuelta y afrontamos el último tramo, por carretera de montaña.

La mañana siguiente amaneció algo nublada y, en un momento, cayó un chaparrón. Para cuando emprendimos la ruta 6 la carretera de inicio se había secado, pero esa agua se posó con ganas en algunos puntos del recorrido, creando grandes barrizales en los que la técnica y la falta de pudor son fundamentales para seguir con buen humor. ¿Cómo puede alguien que ame el mountain bike “cruzarse” pudiendo rodar por la sombra que generan esos tupidos bosques de abedul?

Esta ruta es ligeramente más larga y menos exigente que la 4, pero igualmente entretenida. Sobre todo en los resbaladizos descensos rocosos, en los que había que poner los cinco sentidos si no querías besar las ortigas, que parecían cantarme cual sirenas. Lo siento por ellas. Bueno, la verdad es que no.

Un consejo: Montad neumáticos Tubeless o Tubeless Ready con líquido sellante. Los castaños entran tan bien a la vista como sus púas a las cubiertas. Así que si no queréis estar reparando a menudo y dejaros un dineral en cámaras, San Tubeless es el camino.

Aproximadamente a mitad del recorrido, llegamos a la localidad de Trubia, desde donde tomamos la Senda del Oso, que nos lleva hacia nuestro destino final. Esta ruta, una vía verde de dificultad muy sencilla, sin apenas desnivel y en la que tienen prohibida la circulación los vehículos de motor, es de gran interés para cicloturistas y senderistas y cuenta con varias fuentes a lo largo de sus 33 kilómetros (desde Tuñón hasta Entrago). Además, dispone de un área recreativa en la que, gracias a la Fundación Oso de Asturias, se pueden contemplar a dos osas autóctonas y huérfanas: Tola y Paca.

La zona, que en el siglo XIX estaba volcada en la minería, motivo que impulsó la construcción de la vía férrea para que hierro y carbón llegasen a Trubia desde Teverga y Proaza, respira ahora un aire mucho más saludable. Y silencioso. Las vías están abandonadas desde 1963, y el paseo en bici con el río Nalón a nuestra izquierda es de lo más relajante. Perfecto para liberar tensión en las piernas antes de llegar a Las Caldas, donde en el área de lavado la bici recuperó su mejor cara y adelgazó medio kilo en forma de barro adherido.

Recuperación y relax

Tras recibir una necesaria ducha y mandar al servicio de lavandería exprés nuestra ropa, nada mejor que asistir a una sesión de recuperación en el Área de Fisioterapia del Instituto Vida Sana, ubicada en el mismo complejo y nacida con la vocación de fomentar hábitos de vida saludable, prevenir factores de riesgo y sacarle el máximo partido a la actividad deportiva.

En su centro de Salud, Deporte y Rendimiento se realizan todo tipo de pruebas para optimizar el entrenamiento, preparación y recuperación, minimizando el riesgo de sufrir lesiones. Para ello, se ofrecen servicios como las pruebas de esfuerzo y rendimiento, la evaluación postural y de flexibilidad, el test de idoneidad deportiva (tanto individual como en equipo), biomecánica aplicada a la carrera y al ciclismo, o incluso pruebas de campo específicas de determinadas disciplinas.

En el Área de Balneoterapia aprovechan las ventajas de las aguas termales mineromedicinales de la zona para tratar diferentes patologías crónicas, como las reumatológicas, las traumatológicas o las respiratorias, mientras que el Área de Alimentación Saludable ofrece unas pautas de nutrición aplicadas a personas que practican deporte regularmente.

La magia del agua

Pero si lo que quieres es relajarte de verdad, en Las Caldas Villa Termal tienes dos grandes espacios en los que el principal protagonista es el agua.

Dirigido a toda la familia, el Aquaxana es un centro de ocio y relax termal con piscinas climatizadas tanto en el interior como en el exterior. Además de relajarte en sus diferentes zonas de hidroterapia, jacuzzi o camas de burbujas, en la piscina de la cúpula podrás disfrutar del espectáculo de agua, luz y música que se ofrece a determinadas horas del día. El centro se completa con varias zonas de relax, la sala de tumbonas de mármol cálidas, un solárium exterior con increíbles vistas y un área de hidroterapia donde se ofrecen servicios de sauna, baño turco y duchas de contrastes.

Pero si prefieres un espacio más exclusivo y con mayor intimidad, en el mismo complejo se encuentra el Balneario Real de Las Caldas, levantado sobre la antigua Casa de Baños, fundada en 1776. En su centro termal ‘El Manantial’ podrás disfrutar de piscinas dinámicas, jacuzzi, duchas de contrastes, baños turcos, saunas y zona de relax. Si quieres relajarte en pareja o en pequeños grupos, en la Sala de las Columnas te esperan la piscina de flotación, el pediluvio, la ducha cenital, la terma romana, el jacuzzi y una sala de relajación e hidratación, en la que podrás abrir tus pulmones con una sesión de oxigenoterapia.

Y para darte un último capricho, ya sea en solitario o en pareja, no puedes dejar de pasarte por el Área de Tratamientos, donde podrás disfrutar de baños termales, una gran variedad de masajes, peelings y envolturas corporales, tratamientos faciales, manicura y pedicura, electroterapia, presoterapia y un largo etcétera. Seguro que a estas vacaciones en bici tu pareja también se apunta.

Más información:

Nuestra experiencia en el Instituto Vida Sana

Consulta médica

  • El paciente rellena un cuestionario que, junto con la entrevista, servirá para que el médico deportivo pueda conocer el historial clínico, la dieta y los hábitos de entrenamiento del ciclista.
  • Se miden la altura, el peso, la tensión, el pulso y la grasa corporal, además de realizar un electrocardiograma.

Análisis postural

  • Mediante un estabilómetro se estudia el equilibrio del paciente, tanto con los ojos abiertos como cerrados.
  • Se mide la flexibilidad de la cadena anterior y posterior.
  • Con la ayuda de una cuadrícula se observan los desequilibrios entre la parte izquierda y derecha del cuerpo, que podrán medirse de forma más exhaustiva en el banco postural, determinando las dismetrías en el peso entre ambas zonas.
  • Gracias al baropodómetro se analiza la pisada, estableciendo los puntos de apoyo o presión plantar.
  • A continuación se evalúa la flexibilidad abdominal y del tronco (mediante el test del cajón).

Prueba de esfuerzo y rendimiento

  • El primer paso es monitorizar al usuario con la ayuda de electrodos y de un pulsómetro.
  • Tras realizar el calentamiento de 15 minutos, se afrontan diferentes etapas en las que se va aumentando paulatinamente la intensidad. Tras la finalización de cada etapa, se mide el nivel de lactato y se pregunta al usuario cuál es su sensación de agotamiento.
  • Se coloca una máscara para determinar el consumo máximo de oxígeno y detectar los umbrales aeróbico y anaeróbico.

Entrevista a Víctor Cervera, licenciado en Ciencias del Deporte

¿Cuáles son los beneficios de la biomecánica?

La idea es que los ciclistas vayan con la bicicleta debidamente ajustada para que toda la actividad que realicen sobre ella sea segura para la salud, para no provocar lesiones, ir cómodo y, en definitiva, disfrutar.

¿En qué consiste un test de biomecánica aplicada al ciclismo?

La persona viene con su bici y le tomamos las seis medidas básicas para, a partir de ahí, tomar las decisiones más adecuadas para modificar aquellos elementos que lo permitan. Para ello, el usuario se sube a la bici para desarrollar la actividad de la manera más natural posible, lo filmamos con las cámaras de alta velocidad y, tras volcar los datos en el ordenador, analizamos de manera más detallada cómo se generan los ángulos que nos indican la eficiencia y el posible desarrollo de algún tipo de lesión.

¿Y después?

Le explicamos a la persona lo que hemos visto en función de las medidas que ha traído de origen la bici y, si consideramos necesaria la modificación de alguna de las medidas, la realizamos y se vuelve a hacer una segunda medición del pedaleo para determinar si con los cambios efectuados se encuentra dentro de los rangos correctos para las articulaciones que medimos.

A continuación, se genera un informe donde se explica a la persona cómo tiene que realizar las mediciones a nivel casero por si posteriormente tiene que cambiar algo y se modifica la bici para que se la lleve con los ajustes necesarios.

En el test biomecánico más completo, además de analizar la bici, también se realiza una valoración de la persona, para detectar posibles acortamientos, dismetrías o apoyos plantares. Cuanta más información, más precisas serán las decisiones que podamos tomar.

¿Cuáles son los principales problemas que se detectan?

Al no tener conocimiento de cómo ajustarse a ese medio, el usuario va en posturas que le pueden perjudicar a nivel articular, ya que no es una actividad que se realiza una sola vez, sino que es cíclica y se repite muchas veces y durante periodos largos. Por lo tanto, tener una estructura comprometida durante mucho tiempo te lleva a degeneraciones y a tener problemas de salud.

¿Qué tipo de lesiones son las más habituales?

Entre los ciclistas vemos muchas sobrecargas a nivel lumbar y del tendón rotuliano, como consecuencia de pedalear con las rodillas excesivamente flexionadas, e incluso parestesias en los pies, que se producen por una colocación no adecuada de las calas que hace que no se aplique la fuerza en el punto justo.

¿Cuál es el perfil del usuario que acude a este centro a realizar estas pruebas?

El abanico es bastante amplio, ya que vienen desde usuarios que utilizan la bici por puro placer y desean tener una valoración de su estado de salud, hasta otras personas que le dedican mucho tiempo y entrenan de manera habitual, a quienes también les interesa saber cómo mejorar su rendimiento.

Texto y fotos: Esteve Ripoll

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