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Livigno, en el corazón de los Alpes

12/02/2018

Cuando me llamaron desde esta revista y me soltaron “¿quieres ir a uno de los sitios más increíbles para hacer MTB?”, enseguida se me vino a la mente algún rincón de los Alpes franceses o algún paraje por Suiza. Pero, iluso de mí, la realidad era otra, pues una aventura increíble me aguardaba en Livigno, una localidad de la provincia italiana de Sondrio en la que coincidimos con Danny MacAskill y Hans “No Way” Rey. Lo que aún no entiendo es cómo he podido estar todo este tiempo sin montar en ese increíble paraje…

Bonito es poco

Seguro que a muchos de vosotros os resulta familiar el nombre de Livigno, aunque lo relacionéis más con la nieve que con el mountain bike. Sin duda esta localidad tiene una de las estaciones de esquí más importantes del mundo, con 75 km cuadrados esquiables, pero poco se conoce, o por lo menos aquí en España, lo que nos puede ofrecer en los meses de verano.

Nada más llegar y ver sus montañas ya me hice una idea de lo que me esperaba: mucho riding y del bueno. Sitios como el bikepark de Mottolino o la estación de Carosello 3000, con el increíble camino que inauguramos, bautizado como Flow Trail, hicieron de esos cuatro días en Livigno una experiencia única.

De lo primero que nos damos cuenta al pisar el pueblo de Livigno es que realmente se preocupan de él, pues sus calles, sus construcciones y todas sus instalaciones se encuentran muy limpias y en perfecto estado. Es una gozada pasear por sus calles y observar cómo han conseguido conservar un turismo de calidad acorde con tan increíble lugar. Los lugareños son encantadores, con auténtico sabor mediterráneo; son alegres, atentos y cercanos. Podemos decir que nuestra estancia en Livigno fue de lo más familiar y en todo momento nos sentimos muy a gusto con la gente del lugar.

En esta localidad italiana se nota que la gente es pudiente y el turismo de calidad sin duda ayuda a ello, pero no os asustéis, pues sus precios no distan mucho de los que podemos encontrar en España. A todo ello hay que añadir que Livigno goza de un estatus de zona franca, lo que significa que impuestos como el IVA no se aplican en bienes de consumos como azúcar, alcohol o combustible. Un litro de gasolina de 95 octanos, por ejemplo, cuesta 89 céntimos de euro.

A lo largo de nuestra estancia en Livigno contamos con la compañía de Martina Bormolini, la directora de marketing de esta bella localidad italiana, que fue la encargada de que todo rodara como la seda: las reservas de bicis, los pases de forfait, el alojamiento, el transporte y, además, fue la encargada de llevarnos a los maravillosos restaurantes que podemos encontrar en el pueblo. No debe de ser fácil cuadrar todos los horarios y pases, pero se notaba que Martina es una gran profesional y, además, ama su pueblo natal y su trabajo, siempre con una sonrisa y muy atenta.

En marcha

La primera jornada en bici fue la más exigente, pues tuvimos que pedalear hacia arriba. Y no poco. El Polar V650 nos recordó que habíamos recorrido 44 kilómetros, con algo más de mil metros de desnivel positivo y llegando a una cota máxima de 2.474 metros. La copiosa cena de la noche nos permitió recuperar las 3.000 calorías consumidas en una ruta en la que cruzamos de país sin pasar por ninguna frontera. Sí, llegamos a Suiza rodando por un antiguo sendero que antaño usaban los contrabandistas y que se ha remodelado para su uso ciclista. Y tuvimos el inmenso placer de inaugurarlo oficialmente.

Comienza en la Forcola di Livigno, a 2.315 metros de altitud, y discurre entre las fronteras italianas y suiza a lo largo de 5,8 kilómetros. Unos 50 minutos más tarde, tras ascender casi 200 metros y descender por tramos rocosos poco amigos de las mountain bikes rígidas, llegamos a la estación de tren Ospizio Bernina, no sin antes quedarnos maravillados por el surrealista color azul celeste del Lago Bianco. Allí las autoridades de Livigno y de los municipios suizos de Poschiavo y Pontresina anunciaron que han añadido un nuevo paso de MTB a esos viejos y duros caminos que para recorrerlo hay que invertir no menos de cuatro horas. Esta ruta, además de la dureza, tiene como atractivo irrefutable las vistas del glaciar Vadret da Palu y su lago.

Nuestro segundo día sobre la bicicleta lo pasamos entero en el bikepark de Mottolino, rodando por sus 12 pistas, a cual más divertida, diseñadas para todos los gustos y niveles de riding, pues cuenta con pistas con poca dificultad y otras con grandes desniveles y bastantes pasarelas de madera y saltos. También han diseñado caminos con auténtico flow, y todas ellas tienen en común el maravilloso entorno y lo bien diseñadas que han sido, con ese extra de seguridad que tanto agradecemos los riders. En el punto más alto, nada menos que 2.400 metros sobre el nivel del mar, donde encontramos un bonito refugio convertido en bar-restaurante (M’Eating Point, muy recomendable), empezamos a descender con las pilas cargadas y a tumba abierta por unas de las pistas más divertidas, repletas de saltos, pasarelas, wallrides y otros muchos obstáculos. Sin duda, este es uno de los bikeparks de referencia en Europa que todo rider que se precie no debería dejar de visitar.

Al día siguiente, Martina nos contó que tenía una sorpresa para nosotros, y desde luego lo fue. Acudimos a uno de los remontes más conocidos de Livigno, el Carosello 3000. Una vez en la cima de la montaña, nos enfrentamos a lo que para mí ha sido una de las mejores experiencias de riding que he vivido nunca, y eso que ya llevo unas cuantas: la inauguración del Flow Trail, así es como se llama un camino de diez kilómetros que está subdividido en dos recorridos unidos: por un lado, el Coast to Coast, de seis kilómetros, que atraviesa la montaña conectando la cima del telecabina Carosello 3000 hasta la llegada del telecabina en Livigno Centro, y por el otro, el Roller Coaster, que cuenta con cuatro kilómetros de puro flow y secciones rítmicas.

Lo increíble de este Flow Trail es que puede ser recorrido con la misma inercia de la bajada –el desnivel no supera en ningún caso el 10%– y cada rider puede ajustar su velocidad a su nivel de riding. Así, los más noveles pueden rodar con un flow divertido y fluido, mientras que los riders más experimentados disfrutarán del entramado de curvas peraltadas, saltos y secciones de mucho ritmo y les parecerá que están en una montaña rusa. Cabe señalar que este Flow Trail ha sido diseñado por el local Alberto Clement, con la colaboración de una de las grandes leyendas del MTB, el mítico e incombustible Hans “No Way” Rey, y bajo la supervisión y las ayudas técnicas del arquitecto del Flow Country Diddie Schneider.

Y una de sus particularidades es que conectan antiguos caminos naturales, por lo que no son agresivos con la naturaleza. Unos pocos afortunados tuvimos la suerte de inaugurarlo, siguiendo la estela del rapidísimo Hans Rey y del increíble Danny MacAskill. Lo disfrutamos hasta en seis ocasiones. Sin embargo, lo mejor de este proyecto de Flow Trails es que solamente acaba de florecer, ya que al cabo de unas semanas estrenaron otra pista de 4 kilómetros. En definitiva, Livigno sigue en expansión y no solo demográfica –en apenas 40 años su población se ha doblado–. Ellos dicen que solo están empezando… pues miedo darán cuando alcancen todo su potencial, ya que hoy por hoy, esta localidad italiana ya es un referente en lo que a MTB se refiere. ¡Arrivederci Livigno!

Un poco de geografía

Livigno es una bella ciudad que pertenece a la región de Lombardía y que, con una superficie de 211 kms cuadrados, se sitúa muy cerca de la frontera suiza. Está situada en los Alpes italianos a 2.250 metros sobre el nivel del mar, por lo que es una de las localidades italianas más frías. Con tal altura, Livigno es, a día de hoy, la población habitada permanentemente más alta de Europa, pues unos 5.100 habitantes viven a lo largo del año.

Pero el pueblo de Livigno no se limita a un entorno idílico y a unas altas montañas, sino que ofrece al turista una gran variedad de restaurantes con cartas para todos los gustos, donde encontramos desde la más rabiosa cocina de actualidad, hasta sitios idílicos donde degustar la típica comida local, además de elegantes tiendas de ropa y todo tipo de servicios. Todo ello hace de Livigno un territorio para pasar unas agradables vacaciones en verano en compañía de toda la familia, pues no solo está pensado para los bikers, ya que el resto de la estirpe puede encontrar una gran variedad de actividades. Una de ellas es el Larix Park, situado a tan solo diez minutos de la localidad, un parque de aventuras en medio de la naturaleza donde los más pequeños, y también los más grandes, pueden disfrutar de un día de emociones entre pasarelas de maderas, tirolinas, escaleras y un sinfín de atracciones naturales fabricadas en madera y cuerdas con total seguridad, en medio de un bosque milenario repleto de la maravillosa naturaleza de la zona.

Punto de peregrinaje ciclista

Debido a sus incomparables condiciones geográficas, Livigno es parada obligatoria para muchos equipos ciclistas profesionales, sobre todo de carretera, que realizan concentraciones de entrenamiento en altitud. Sin ir más lejos, el equipo UCI Pro Tour Tinkoff-Saxo de Alberto Contador es uno de los habituales, y en Livigno coincidimos con alguno de sus corredores. Sin embargo, desde hace unos años, esta localidad alpina se ha volcado con el MTB, razón por la cual cada vez es más frecuente que atletas de primer nivel de nuestro deporte decidan acudir a Livigno para preparar algunos retos. De hecho, para la disputa del Campeonato del Mundo de Andorra, bastantes riders de XCO se concentraron en Livigno para aclimatarse.

 

En el siguiente vídeo podrás ver la inauguración del Flow Trail con Danny MacAskill y Hans Rey:

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